Nombre: H.
Edad: 17
Fecha de nacimiento: 23 de marzo.
Signo del zodíaco: Aries.
Lugar de procedencia: Munich (Alemania)
Faltas por las cuales está en el reformatorio: prostitución desde los diez años, tráfico de drogas y consumo -especialmente de heroina- y asesinato a los trece.
Carácter: Una líder nata. Atrae a la gente y logra que la sigan en sus múltiples actos o decisiones. Esta cualidad le ha sacado de más de un aprieto, pero también le ha metido en más de uno, pues cuando hay movimiento de masa y ella está ahí, la toman por la cabeza pensante. No le molesta en absoluto, igual que no le molesta recibir por otros.
Aunque pueda no parecerlo, H. tiene una gran facilidad por sentir empatía por los demás, y ante una historia que le parezca injusta, siempre dirá que lo siente aunque no tenga nada que ver con ella, y seguramente se encapriche de esa persona hasta que llegue otra con una historia más triste, cruel o injusta.
No es del todo amistosa pero hace amigos con facilidad y logra mantenerlos, es directa pero con reservas, no le preocupa lo que pueda pasarle pero no perdona que la traicionen, puede tolerar que la obliguen a hacer algo y al minuto no tolerarlo. Pese a todas esas incoherencias que parecen de una persona con un carácter voluble y variable, no suele sufrir cambios de humor, y cuando los padece, es escasa la diferencia, igual que cuando va colocada y cuando no; sabe ocultarlo todo perfectamente detrás de una personalidad muy particular, con un marcado optimismo, sonrisa despreocupada, preguntas indiscretas, efusividad y una actividad fuera de lo normal que, esta sí, se acentúa cuando va puesta.
Cuando se cabrea, se indigna o ambas cosas a la vez, es mejor estar lejos.
Descripción: Una chica de lo más normal: cercana al metro setenta, buen aspecto, sin mucho pecho, pálida, labios rosados y ojos marrones. Lo que la distingue de todas las demás es su flequillo negro y el resto de la melena rosa. Desde los doce años que no ha dejado que nadie le cambiara ese rasgo distintivo, pese a que tanto en los orfanatos como en el reformatorio le ha traído y le trae más problemas que beneficios.
Tiene varios agujeros en cada oreja, en la nariz, en el labio y detrás del cuello donde antes llevaba pendientes y piercings, pero cuando entró al reformatorio se los quitó antes de que se los arrancasen de malas maneras.
Es una drogadicta que suele inyectárselo todo. Es por eso que en los brazos y manos, las zonas más visibles pero no en las únicas que se pica, tiene multitud de señales.
En cuanto a forma de vestir, a excepción de los tres años en los que estuvo ejerciendo la prostitución, le gusta llevar pantalones anchos, rotos por todos lados, por debajo del culo, enseñando la ropa interior, que suele ser de colores y estampados bastante llamativos. Camisetas de manga corta encima de las de manga larga, las primeras estrechas, anchas, cortas o largas, y las segundas siempre estrechas. En lo referente a calzado, siempre que puede se pasea con pantuflas de las que se usan para estar por casa o directamente va en calcetines. Cuando no puede, usa bambas que hacen que se le vea un pie muy ancho y pequeño.
Historia: Hija de madre soltera con multitud de amantes, creció más rápido que la mayoría de las niñas de su clase y que la mayoría de las hijas de las amigas de su madre. A los seis años aparentaba tener diez, y su madre era incapaz de verlo normal. La consideraba un monstruo. Eso, más el hecho de tener que acarrear el no haber sido escogida por encima de la mujer de su amante, hizo que, tras varias crisis nerviosas, la ingresaran en un psiquiátrico y que H, con apenas seis años recién cumplidos terminara en un orfanato, pues los familiares de Jean eran escasos y poco interesados en el tema. H era un monstruo para su madre, y su madre era una vergüenza para la familia.
A los diez años fue dada en adopción a una familia que terminó por desentenderse de ella. Estuvo en paradero desconocido durante dos años, años en los que se enganchó a la heroína, hizo de mula para traficantes y se prostituyó para ellos y para ella misma para poder conseguir dinero para pagarse la dosis de tecata.
Después de ser encontrada y de desintoxicarla, volvió a pasear de orfanato en orfanato, de casa en casa, sin dejar de visitar a su madre cada semana, hasta que la acogió una familia de médicos con espíritu altruista y con un hijo enfermo de cáncer, que se moriría un año más tarde, en brazos de H, a quien confundían con una madre joven, pues a pesar de tener trece, aparentaba tres más. Ese niño fue al único familiar al que quiso. No sabía que tenía cáncer, y cuando llegó a la etapa final y lo llevó a casa de los tíos del chico para que le ayudaran a mejorar de lo que fuera que tuviese, obtuvo un no como respuesta, acelerando la muerte. Se sintió dolida, indignada, sin entender, incluso después de que le dijeran cual era el estado de su hermanastro, porque no habían tratado de ayudarles.
Apenas el cuerpo del niño fue enterrado, H mató a sus tíos y a los hijos de estos.
Estuvo un año de psicólogos, quienes lo único que intentaban era diagnosticarle algún trastorno mental. Lo único que consiguieron fue una sincera declaración de no-culpabilidad por parte H.
Meses más tarde, volvió al tráfico y al consumo de drogas, por lo que, junto con el asesinato, la mandaron a un correccional de menores, donde no dejo ninguna de las dos cosas.
Familia: padre desconocido, pero según le han contado de origen italiano, y madre completamente loca por la desaparición de su amante y la aparición de una niña que parecía crecer el doble que todas las demás. Actualmente está encerrada en un psiquiátrico. H debía ir a verla mientras estaba en el orfanato y cuando encontraba a alguna familia de acogida, con lo cual ha crecido con una madre que hacia todo lo posible por hundirla en el mismo barro en el que estaba ella.
Tal vez por el hecho de tener a su madre siempre como un fantasma, le ha sido imposible mantener una misma familia por más de un año. Jamás, al menos hasta llegar a la última con la que estuvo, sintió amor por ninguno de sus miembros, y es por eso que no le dolía en absoluto abandonarles. Al contrario, ella misma lo provocaba.
Curiosidades: Nadie del reformatorio conoce otro nombre para referirse a ella que no sea H, mote que se otorgó ella misma y más tarde corroboraron sus compañeros e incluso los empleados del centro, pero por distintos motivos; unos por su adicción a la H, los otros por la actitud práctica que muestra ante todo.
Su gran pasatiempo es el de descomponer las cosas para volver a componerlas más tarde.